

El agua es uno de los insumos más críticos —y al mismo tiempo menos visibles— en la operación de las empresas. Está presente en procesos productivos, limpieza, enfriamiento, alimentos y bebidas, manufactura, turismo y servicios. Aun así, pocas organizaciones tienen claridad sobre de dónde proviene el agua que utilizan y qué sucede cuando ese suministro se interrumpe.
En México, más del 76% del agua concesionada se destina a actividades productivas, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Para las empresas, el acceso al recurso hídrico ya no es solo un tema operativo: se ha convertido en un factor estratégico para la continuidad del negocio.
La principal fuente para la industria en el país son los pozos y acuíferos subterráneos. Más del 60% del agua utilizada en zonas urbanas e industriales proviene del subsuelo. El problema es que más de 100 acuíferos en México están sobreexplotados, lo que provoca abatimiento de niveles, incrementos en los costos de extracción, salinización del agua y, en algunos casos, restricciones o cancelaciones de concesiones.
Otra fuente común es la red pública o municipal, especialmente entre pequeñas y medianas empresas. Su principal riesgo radica en la dependencia total del sistema público, lo que vuelve a las organizaciones vulnerables ante sequías, racionamientos y fallas de infraestructura. Además, en contextos de escasez, el consumo empresarial suele entrar en tensión con el uso doméstico.
La captación de agua pluvial se utiliza generalmente como una fuente complementaria. Aunque ayuda a reducir la presión sobre otras fuentes, depende de un régimen de lluvias cada vez más irregular y requiere infraestructura de almacenamiento y tratamiento para garantizar continuidad y calidad en el suministro.
El reúso de agua tratada se ha posicionado como una de las alternativas más resilientes. Consiste en reutilizar aguas residuales para procesos industriales, sanitarios o de enfriamiento. Si bien implica inversión inicial y cumplimiento normativo, puede reducir hasta en un 50% la demanda de agua potable, además de ofrecer mayor estabilidad frente a escenarios de escasez.
En zonas costeras, algunas empresas recurren al agua de mar mediante procesos de desalinización. No obstante, sus altos costos energéticos, la huella ambiental y la complejidad operativa limitan su adopción a gran escala.

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La escasez hídrica ya no es un escenario hipotético. Estados como Nuevo León, Sonora y el Valle de México han enfrentado crisis recientes que impactaron directamente a la industria. Cuando el suministro falla, las consecuencias son inmediatas: paros o reducción de operaciones, aumento de costos por el uso de pipas o soluciones de emergencia —que pueden incrementar hasta en 30% los gastos operativos—, riesgos legales y afectaciones reputacionales frente a las comunidades.
Estas interrupciones no son casuales. Responden a causas estructurales como la sobreexplotación de acuíferos, una infraestructura obsoleta —en México se pierde cerca del 40% del agua potable por fugas—, la falta de planeación hídrica de largo plazo y los efectos del cambio climático, que intensifican sequías y reducen la disponibilidad del recurso.
Ante este panorama, cada vez más empresas están integrando el agua como un eje estratégico de negocio. Medir el consumo, diversificar fuentes, invertir en reúso y captación pluvial y planear con visión de largo plazo se han convertido en acciones clave para reducir la vulnerabilidad hídrica.
El agua dejó de ser un insumo garantizado. Comprender su origen, anticipar los riesgos asociados a su escasez y gestionarla de manera eficiente es fundamental para asegurar la continuidad operativa, la competitividad y la licencia social de las empresas en un entorno marcado por el estrés hídrico.
En Rotoplas Servicios de Agua acompañamos a las organizaciones a transformar la forma en que gestionan este recurso crítico, ayudándolas a construir operaciones más resilientes y sostenibles.
La gestión del agua ya no puede abordarse como una solución reactiva. Requiere diagnóstico, planeación y sistemas que permitan anticiparse a escenarios de escasez, cumplir con la regulación y optimizar costos a largo plazo. Las empresas que entienden esto hoy no solo reducen riesgos operativos, también fortalecen su reputación y su capacidad de adaptación frente a un entorno cada vez más exigente.
Porque el futuro del agua no está en encontrar más, sino en usar mejor cada gota que ya tenemos. Integrar soluciones de almacenamiento, tratamiento y reúso no es una tendencia, es una decisión estratégica para asegurar la continuidad del negocio y contribuir a un manejo responsable del recurso más valioso.
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1. ¿Por qué mi empresa debería diversificar sus fuentes de agua ahora? Debido a que más de 100 acuíferos en México están sobreexplotados. Depender de una sola fuente te vuelve vulnerable a tandeos, alzas de precios y restricciones legales inmediatas.
2. ¿Qué beneficios reales ofrece el reúso de agua tratada? Además del cumplimiento normativo, permite reducir hasta un 50% la demanda de agua potable, asegurando que procesos como enfriamiento o limpieza nunca se detengan, incluso en sequías.
3. ¿Cómo puedo identificar si mi infraestructura está perdiendo agua? El 40% del agua en las redes se pierde por fugas. Un diagnóstico especializado y la implementación de sistemas de monitoreo son la única forma de detener el desperdicio y el sobrecosto operativo.
4. ¿Es la captación pluvial una solución real para la industria? Sí, como fuente complementaria. Con el almacenamiento y tratamiento adecuado, el agua de lluvia reduce la presión sobre los pozos y mejora la huella hídrica de la organización.
5. ¿Qué implica una "decisión estratégica" en la gestión del agua? Significa dejar de ver el agua como un gasto corriente y empezar a verla como una inversión en resiliencia: sistemas de almacenamiento robustos y tratamiento que garanticen que la empresa no pare ante una crisis.